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Tal cual.
Sin mas pretensión que mostrar lo que en el fondo soy. |
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Publicado a las 12:20 del 30 de Julio de 2010
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La tentación vive arriba.
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Hacia años que su matrimonio tan solo se sujetaba por las obligaciones, que la pasión se había ido en un viaje sin retorno, que los domingos se habían convertido en el día de las discusiones, y los sábados el de la obligación, hacia mucho tiempo que tan solo eran una pareja, porque así lo decía un papel, un contrato.
Ese sábado tenían los mismos planes que los sábados anteriores en los últimos diez años, levantarse algo mas tarde, salir a por el periódico, tomarse un café con los conocidos del barrio, comer plato combinado, ir a una gran superficie. En fin, lo habitual en un matrimonio que hace años no tiene nada que decirse.
Esta meditación la tenia Julio en su balcón, fumándose el primer cigarrillo del día, según el no iba a dejar el único vicio que se podía permitir, y que le daba un cierto aire de rebeldía en su monótona vida, cuando por la esquina un camión llamó su atención. De echo no era el camión en si, sino más bien el logotipo de la empresa que este anunciaba, una empresa de mudanzas, con su escalera mecánica en un remolque, Julio lo siguió con la mirada, hasta que el camión se paro, justo delante de su portal, los operarios salieron de una forma organizada, y desplegaron los estabilizadores de la escalera, una vez comprobado la estabilidad extendieron la misma, la cual paso en pocos segundos por delante de su balcón, yendo a anclarse dos pisos por encima del suyo, tendría unos nuevos vecinos ¿como serian? Él desconocía por completo que aquel piso hubiera quedado libre últimamente, aunque su esposa sí lo sabia.
¿Y como no me has contado nada? Le pregunto a su mujer
Te importara a ti mucho quien vive o deja de vivir en ese piso por Dios.
No, pero ya que lo sabias me lo podrías haber comentado, a fin de cuentas, bien que te has molestado tú en averiguarlo.
Pu Pues haberte molestado tu también imbecil.
Julio prefirió dejar el tema hay, él sabia que si seguía acabaría en una discusión sin sentido, como siempre él tenia que callarse, prefirió seguir observando a los operarios de mudanzas.
Pocos minutos después, llegó un coche, de tamaño familiar, del cual se apeo una pareja de mediana edad, él tendría unos cuarenta años y ella algo mas de treinta y cinco, aunque se adivinaba que de joven fue una mujer realmente hermosa, por aquello de que, quien tiene retiene. De estatura media, pelo largo pero sin exceso, cuerpo rellenito y ejem.... buenos parachoques. Nada que deslumbrara, pero que al mismo tiempo, hacia girar mas de una cabeza al pasar por su lado.
Vio como ella mira hacia arriba, y en ese instante sus miradas se juntaron, fue tan solo un breve instante, pero ambos se dieron cuenta del choque, lo cual sé auto confirmaron con una leve sonrisa, casi imperceptible. Julio se fijó en todos su movimientos, seguros y pausados, observo como daba las instrucciones a los operarios, lo hacia con autoridad sin necesidad de apoyo masculino, ella dirigía la operación y lo dejo bien claro desde el primer instante, lo que se dice una mujer con autoridad en todos los sentidos, no como la mayoría, que solo la tenían para echar por tierra a un pareja, y cuando llegaba la hora de la verdad, era el hombre quien debía dar la cara por ella. No, esta mujer sin duda, los tenia bien plantados, y eso le gustó.
Se dedico toda la mañana a observar los trabajos del traslado, cosas normalitas en una mudanza pasaban a pocos centímetros de su vivienda, electrodomésticos, cajas, muebles desmontados, mas cajas, un baúl negro, mas muebles en piezas, mas cajas ¿un baúl de cuero negro? El montacargas desde luego llevaba un ritmo frenético, lo cual indicaba la eficacia de los operarios.
Hasta que llegó el momento de comprobar que el camión había sido vaciado completamente, entonces vio como ella hacia la comprobación, hablando con el encargado de la cuadrilla de operarios, mientras el encargado del montacargas lo plegaba y se aseguraba que el vehículo no molestaba para el trafico de personas, y que estaba bien cerrado. Antes de desparecer hacia el interior del edificio, ella echo un vistazo hacia arriba, y Julio alcanzo a ver que tenia unos preciosos ojos claros.
Venga, deja ya de fisgonear, y ve preparando la mesa inútil.
Estuvo pensando durante toda la comida, mil y una preguntas le rondaron por la cabeza ¿cómo se llamaba? ¿A que se dedicaría? ¿Para cuanto tiempo viviría en ese piso? ¿Quién era su acompañante? Desde luego no era su marido, y si lo era, este parecía más dócil de lo habitual, pensó mientras observaba como su mujer le ponía la comida con gesto hosco, cual si le pusiera el pienso a un perro...o quizás peor.
Han pasado varios días, los nuevos vecinos no se han dejado ver, o tal vez, no han coincidido, a fin de cuentas todo el mundo tiene su propia vida, buena o no tan buena, pero su vida. Julio no se ha podido quitar de la cabeza, aquellas miradas sutiles, aquel saludo disimulado, aquella sonrisa que le iluminó el día, no, durante los últimos días no se había podido quitar aquella mujer de su mente, y eso le preocupaba, no por el hecho de estar pensando en ella, sino por lo que significa tal situación, algo en aquella mujer le había llamado poderosamente la atención, pero él no sabia el qué.
Al amanecer, como cada día, el se dispuso a coger el ascensor para comenzar una nueva jornada laboral, las puertas se abrieron y allí estaba ella, con una sonrisa que lo decía todo, que iluminaba.
Buenos días Julio ¿por qué te llamas Julio verdad?
Ojos como platos, garganta seca, no sabia que decir.
Sssi, Julio, me llamo Julio, buenos días vecina.
Se sintió ridículo, casi infantil, el ya había pasado la época de los titubeos ¿o tal vez eso nada tiene que ver con épocas, y sí mas con sentimientos?
Por favor, no me llames vecina, en principio me puedes llamar Ailec, que es como me llaman mis ejem...amigos. Dijo ella sin apartar sus ojos claros de su mirada, en un tono suave y enérgico al mismo tiempo, demostrando que la posible vacilación al decirlo tan solo había sido provocada.
Él sujetó la mirada todo lo que pudo, nunca había sido él el primero en apartar los ojos de su interlocutor, hasta ese instante en el que se sintió vencido de alguna manera.
La tenia delante y un cúmulo de sensaciones se apoderó de él, fascinación, miedo, alegría, temor, confianza, respeto, toda una vorágine de sensaciones contrapuestas que lo desarmaban, que lo hacían sentirse inferior a ella, y lo curioso era que todo aquel tumulto interno... le gustaba.
Llegaron a la planta baja, él se quedo esperando a que Ailec saliera primero, apartándose incluso de la puerta y pegando su cuerpo a la mampara para no entorpecer su camino. Ella le sonrió con agradecimiento y salió, no sin antes dedicarle un guiño que a él le pareció de lo más sensual y prometedor que había visto jamás, observando su figura mientras ella se alejaba sin mirar atrás, con paso firme y decidido, manteniendo la línea al caminar, y moviendo su cuerpo de forma espectacular y elegantemente, él observó su figura su andar, y la cabeza le empezó a dar vueltas y hacerle malas pasadas, con un suspiro volvió a la realidad, a encontrarse dentro de un ascensor que no iba a ninguna parte...como él.
Los tacones fueron los responsables de su despertar, o mejor dicho, la ausencia de su sonido al caminar, y él no había oído abrirse ninguna puerta. Allí estaba ella, esperando ¿a qué?
No había terminado de hacerse la pregunta, cuando él mismo obtuvo la respuesta, y corrió cual poseso hacia la puerta, la abrió y sin darse la menor cuenta de lo que hacia, le pidió perdón.
Ailec flanqueo la puerta y se alejó, esta vez ni se había molestado en mirarlo, cual se hubiera ofendido por algo que el no había hecho bien, ella desaprecia calle abajo, él la siguió con la mirada.
Durante toda la jornada Julio estuvo dándole vueltas a lo acontecido a primera hora del día, no terminaba de asimilar el comportamiento que había tenido en el vestíbulo de su escalera, nunca se había imaginado abriendo la puerta a una mujer cual perrito faldero, es mas, ni por asomo se había planteado en su larga vida, que tal comportamiento le iba a gustar, siempre se había tenido por una persona con los pies en el suelo, como alguien a quien mejor no tocarle las narices, tan solo a su esposa le permitía ciertas licencias, licencias que por otra parte ella se había cogido con el paso del tiempo por razones obvias.
A veces, el inicio del día, te indica cual va a ser su final.
Al llegar a su rellano se quedó de piedra, de su piso salía una voz que le era familiar aparte evidentemente de su mujer e hijos, una voz que había oído pocas veces, pero que se le había grabado en la cabeza, una voz que a fin de cuentas, aballestado todo el día martilleándole dentro.
En cuanto abrió la puerta la vio, allí estaba sentada en el sofá, un par de botas que parecían interminables, daban paso a unas piernas firmes y torneadas seguida de una cintura, que no podía catalogar debidamente por la postura, unos bonitos pechos, pensó, el rostro iluminado con una sonrisa atraviesa que Ailec acentuó levantando ligeramente una ceja, en un gesto pícaro.
Hola Julio, te presento a Ailec, la nueva vecina de arriba.
Encantado, saludo con cierto titubeo, pero ya nos conocemos, hemos coincidido esta mañana en el ascensor.
Estupendo, contesto su mujer, Ailec ha venido porque tiene una serie de problemas en su casa, y necesita que le eches una mano.
No hay problema, un día de estos me paso y miro haber en que la puedo ayudar. Dijo todo esto, esforzándose en imprimir un tono decidido, aunque en el fondo aquella mujer tenia la santa virtud de hacerle flaquear las piernas, y no de miedo precisamente.
Tu mujer me ha dicho que eres un manitas, que sabes arreglarlo casi todo, mi sumi es bastante patético en estos temas de bricolaje, lo suyo es el servicio puro y duro. Aquellas palabras chocaron en su interior ¿sumi? ¿Servicio? ¿A que sé estara refiriendo esta mujer?. Ella continuaba hablando a su mujer, ajenas a su presencia, mas bien parecía parte del decorado, Julio se percató como de vez en cuando ella lo miraba de arriba a bajo, sin nacer ningún tipo de gesto, lo cual él interpretó como que era el centro de la conversación, aunque con una mujer nunca se sabe.
Se dedicaba a la dirección de ventas de una empresa, y esta ( la empresa) la había trasladado a esa zona, de lo cual dedujo que no estaba allí por iniciativa propia. Le parecía raro que su mujer tuviera una conversación tan relajada con la nueva vecina, siempre se había comportado con cierta desconfianza hacia las personas de su mismo genero, al menos en lo que a él se refería, aquella mujer ¿había hecho migas con la suya? ¿ O es que de tanto pensar él se había vuelto un poco paranoico?
Ailec se despidió de ellos, emplazándole a él para que subiera cuando pudiera a realizar las instalaciones acordadas, no había prisa, a lo que su esposa añadió que las realizaría el próximo fin de semana si ella no tenia inconveniente, así quedaron pues y ella se introdujo en el ascensor y desapareció.
Valla! Veo que os lleváis bien, al menos a simple vista es lo que parece.
¿Y porque no habríamos de llevarnos bien? Es una mujer interesante en muchos aspectos, es inteligente y simpática amen de bastante atractiva.
Ja,ja,ja, no sabia yo de esa faceta tuya ¿desde cuando consideras a una mujer atractiva? ¿Ahí algo de ti que yo desconozca a estas alturas de la vida? Lo primero como respuesta, fue una mirada que lo dejó fulminado, seguida de una frase que terminó inquietándolo de forma abrumadora.
Hay muchas cosas de mí, que hasta yo misma desconocía hasta ahora. Y la mujer que acaba de salir por esa puerta, - miraba hacia la puerta con cierta rabia, como si maldijera su existencia-, no es tan solo una mujer, es toda una señora.
Engreída, puta, guarra, trepa, calentorra, todas esta expresiones él estaba acostumbrado a escucharlas de la boca de su mujer, pero ¿señora?, si hasta ese instante él mismo dudaba que su esposa siquiera supiera de la existencia de tal adjetivo, menos aun como ella lo había dicho, con una cierta carga de admiración ¿dónde se había perdido? ¿Qué había pasado para que se consumara tal cambio? ¿Había sido la nueva vecina la responsable de ello?
Bendita sea, la felicidad que proporciona la ignorancia.
Durante la cena, estuvieron hablando, cosa rara en ellos, que acostumbraban a comer y cenar atentos al televisor, pero no esa noche, su mujer tenia una noche comunicativa durante la cena, y Julio en principio hubiera preferido no romper la costumbre, no por lo que emitían en la tele, sino por el hecho de que así él se podía enfrascar en sus propios pensamientos, algunos pisos mas arriba.
Oye ¿tu sabes lo que es una dominatirz? Le preguntó su mujer, de golpe, como si acabara de venirle la pregunta a la cabeza.
No, no tengo ni idea ¿por qué me lo preguntas?
Porque resulta que Ailec es una, y quería saber sí tu sabias algo del tema. De todas formas ella me lo ha explicado, así por encima. Él la miraba de forma interrogante, con el gesto de masticar a medio camino, a buen seguro él estaría muy ridículo con un trozo de patata frita, que no sabia si entrar o salir de su boca. Terminó el bocado, y se dispuso a escuchar, aquello era nuevo en años, su mujer tenia algo interesante que contarle, ella se dio cuenta de que había despertado la atención de su marido, no sin cierto regocijo se dispuso a comentarle parte, y solo parte, de la conversación que había mantenido con la nueva vecina.
Pues veras, le dijo, resulta que una dominatriz es una persona que dentro del ámbito de una relación, es la parte dominante de la misma. Ni flores, no tenia ni pajorera idea de lo que le hablaba su esposa, y ella conocedora de la situación tubo un brillo de satisfacción en los ojos, la norma era que el listo de la casa era él, mira tu por donde se han cambiado las tornas, ella sin duda disfrutaba del momento.
Bueno, te explico, lo dijo como quien habla con un niño. Resulta que una dominatriz o domina es la mujer que dispone por así decirlo de la voluntad de su sumiso o sumisa, según el caso, el cual se pone al servicio de esta, para satisfacer sus deseos, sean estos del aspecto que sean y en el momento en que ella disponga.
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-PK2- dijo ...
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Publicado a las 21:16 del 30 de Julio de 2010
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